Experiencia migrante...Descubriendo las maravillas de La India

Mi nombre es Mariana Torres Gómez y soy una migrante colombiana, en La India. He viajado a la India durante los últimos 6 años, cada vez por periodos más largos. Antes de mi primer viaje, en el 2008, estaba terminando mi carrera como historiadora en la Universidad de los Andes. Tenía pensado hacer una coterminal con economía, sin embargo al volver comencé a tener otros intereses y puedo decir con franqueza que mi perspectiva cambió. Al año me gradué como historiadora y volví a La India en el 2010, una vez más por un año. Viajé unos meses por el sudeste asiático y al regresar en el 2011 a Colombia tenía claro que volvería, pero esta vez sin una fecha de regreso definida. Pasé los últimos seis meses en Colombia disfrutando con mi familia y amigos. En el 2012 partí.

 
Decidir vivir en India fue un proceso largo; tal vez la primera vez lo hubiera hecho sin pensarlo, guiada por un impulso. Tenía 21 años y estaba completamente enamorada de la India, de su cultura, sus grandes tradiciones y enseñanzas ancestrales. Sin embargo, fueron 3 años después cuando decidí migrar, ya había vivido, viajado por India en dos ocasiones diferentes; me había frustrado y enfrentado a las dificultades de vivir en India, conocía y entendía qué significaba irme definitivamente. Creo que tomé una decisión mucho más madura.
  
Inicialmente mis viajes fueron motivados y financiados por mi madre que lleva más de 20 años adentrándose en las tradiciones espirituales de la India. Yo fui por curiosidad, por conocer, por aprender de una cultura diferente y aprovechar una oportunidad que se me estaba presentando. Era un momento difícil de mi vida; estaba desilusionada de las personas y confundida de lo que era y quería realmente, por esto no tuve inconveniente con romper con mi vida. No conocía nada del yoga y mucho menos de La India. 
 
El primer día llegue a Delhi a media noche, después de las celebraciones de Independencia. Mientras el taxi me acercaba al hotel pensé lo peor, todo estaba oscuro, desolado y finalmente, a la vuelta de un callejón que jamás hubiera recorrido en Colombia, se encontraba el hotel, lo recuerdo con un halo de luz que lo envolvía. 
 
Esta es una realidad innegable, India es un país de contrastes. Mansiones rodeadas de habitantes de calle, suciedad, ruido y pobreza. Te persiguen constantemente vendiéndote cosas y pidiendo “one rupee”, especialmente cuando se dan cuenta que innegablemente eres extranjero. Pero fue ahí mismo, en esta ciudad de contrastes, que conocí a personas hermosas, llenas de sabiduría. Simplicidad y belleza, ese es el valor de la India. Debajo y muy adentro de esa increíble pobreza India es sabia, infinitamente.      
 
Debo aclarar que a pesar de haber recorrido la India siempre he permanecido en un ashram, un Centro Espiritual guiado por un maestro o Gurú. Esta es una experiencia muy diferente. 

La India es inmensa y diversa y cada lugar es un universo diferente al nuestro. Sin embargo, su cultura es fuerte como no he visto en ningún otro lugar, cada rincón está lleno de enseñanzas y desde ese primer momento las enseñanzas se han seguido extendiendo y manifestando en mi vida. 

El ashram es como un microcosmos de la mente humana, lejos del mundo y muy dentro de él. Un experimento social, donde las cualidades humanas se manifiestan en su máxima expresión. Las reglas son firmes. Si estás dispuesto a ceñirte a ellas, cualquiera es bienvenido. Es posible que al principio te consientan un poco, pero no es para engañarse, es un lugar para aprender de ti mismo, para conocerse y salirse de todas las comodidades físicas, mentales y emocionales, es un camino.    

Muchas personas van a la India de vacaciones, visitan la playa y se toman fotos con elefantes. Existen palacios en los que las personas se hospedan en habitaciones de reyes por 50 dólares. Hay planes diferentes también: se puede viajar en el camello y dormir en el desierto. Es normal encontrar fiestas de música electrónica en la playa donde abundan judíos y otros extranjeros.

En términos arquitectónicos el legado del imperio Mughal es fascinante, La India es un lugar para aprender, para enfrentarte a ti mismo y crecer. 
 
A 30 horas en tren desde Delhi hay un pueblo pequeño, no muy bonito, que queda en el estado más pobre de la India. En este pueblo hay un ashram; es un mundo aparte en todo sentido, inmenso, con hermosos jardines, lleno de personas de todas partes del mundo y realmente el lugar más limpio en el que he dormido en toda La India. En el ashram se habla principalmente hindi e inglés muy básico. El idioma no es un problema ¡inclusive diría que entre mejor ingles tienes menos te entienden!   
 
El clima es terrible, las estaciones son fuertes y extremas. Creo que el menos peor es el invierno, aunque ¡es completamente helado! El verano es insoportable. He tenido veranos de más de 50 grados; sales de la ducha y ya estás tapado en sudor, es como vivir en un sauna. A veces, cuando te acuestas en una cama sientes que el cuerpo te quema. 
 
La vida en La India es simple, una cama, tres comidas vegetarianas y muchísimo trabajo. No hay internet, celular, televisión, música, ni vida social. La comida es sencilla sin sal ni condimentos. Después de un tiempo la ducha fría y la comida deja de obsesionar a la mente, uno encuentra algo más. La mente se vuelve menos inquieta, se acostumbra al silencio y a sus monólogos constantes. La dinámica cambia constantemente, claramente allá nadie sufre de aburrimiento.
 
En La India se vive intensamente a todo nivel. Descubres nuevas cosas, la infinita capacidad creativa del ser humano, de uno mismo, la bondad, los lados más oscuros, la envidia, el odio, etc. He visto lo mejor y lo peor de mi misma, y de los demás. En un punto no queda otra opción que aceptar que lo que más aborreces en el mundo está en ti mismo, pequeñas verdades que te hacen desarrollar un poco de humildad, de oda a la existencia. 

El ashram es un lugar donde desarrollas conciencia de tu cuerpo, de tu mente, de tus emociones y así es imposible no comenzar a sentir una gran apreciación por la infinidad de cada momento, de la existencia misma, de ese juego constante de caos y creación. 
 
Es claro que si escuchas carcajadas a todo volumen, te acercas a un grupo de latinos. Sin duda la calidez y la alegría es una cualidad hermosa que tenemos. Creo que somos muy afines emocionalmente a los indios, compartimos cierta sensibilidad a la vida. Por otro lado los indios aman los extranjeros e inmediatamente te reciben como a un miembro de la familia.  
 
Mi tío me contaba el cuento de un maestro que viajó muchos años a meditar en los Himalayas y al regresar ya iluminado hablaba con su padre quien le preguntaba

- “¿Y ahora?” 
 El maestro respondió 
“-Ahora que tengo todas las respuestas, ahora, necesito un trabajo” 

Cuando me preguntan sobre oportunidades laborales, de vivienda, arrendamiento, precios, recuerdo esa historia y muy lejos de estar iluminada sé que simplemente no tengo la menor idea.

Como extranjera me ha costado mucho aceptar las jerarquías, no del maestro, cuando conoces alguien así no es difícil de seguir; es difícil hacerlo con los que lo siguen. Sus enseñanzas, como se ha visto con tantos maestros en la historia, son distorsionadas constantemente ajustándolas a los caprichos, a lo que cada uno quiere o puede entender. 

Me ha costado no decidir qué hago con mi tiempo, no salir a caminar cuando quiero, montar en bicicleta, ver a mi familia o pasar toda una noche solo hablando, de vez en cuando me siento encerrada.  
 
Creo que antes de educarnos en la academia y diferentes disciplinas, antes de dedicarnos a caminar en masa a la subsistencia hay que conocernos, despertar esa vitalidad humana que jamás durará por sueños que no sean los nuestros. 

 

Las historias publicadas no representan una posición del Ministerio de Relaciones Exteriores, ni del Programa Colombia Nos Une, y obedecen únicamente a percepciones propias del autor.

Si usted desea compartir con otros colombianos su proceso migratorio, de adaptación al país al que llegó, el choque cultural o compartir anécdotas durante su residencia fuera de Colombia, envíenos un correo a [email protected] con asunto “Experiencia Migrante”. A través de este medio se le harán llegar las indicaciones correspondientes para la publicación de su historia.


 

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